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Un salón horizontal en geoestéticas

Rafael Ortiz
Equipo Maldeojo


El Salón Nacional de Artistas (SNA), la manifestación de mayor tradición y relevancia de las artes visuales contemporáneas en el país, cumple setenta años de existencia. Creado en 1940, fue considerado, en su momento, el “termómetro del arte en Colombia”, y ha logrado redefinirse continuamente para responder a las transformaciones de las prácticas artísticas y al desarrollo de la democracia y de la descentralización en política cultural. En 2010, el SNA llega a su edición número 42, con sede en el Caribe e incluye componentes expositivos, académicos, de formación y de creación.

La propuesta curatorial del colectivo Maldeojo, denominada Independientemente, reivindica al Caribe colombiano como espacio estratégico para el diálogo intercultural entre el territorio insular y el país continental, y activa trazos históricos que sirvieron para llegar a lo que hoy es la dinámica sociocultural en la región y el país. La propuesta se diseñó como un intento por construir “nación” sin desconocer la pluralidad cultural que la caracteriza, lejos del emblema o del símbolo que simplifica la circulación de sentido. En esta se entiende que una noción de Estado en relación con el territorio se debe a los movimientos y la circulación, de vez en cuando a una estación donde detenerse, y no a las fronteras de lo que está contenido o delimitado. No es precisamente el refuerzo de la identidad lo que se podría valorar en la construcción de la “nación”.

Eduardo Hernández, asesor de curaduría del proyecto explica:


La denominación del proyecto con el adjetivo “independiente” es una referencia a la ruptura de la tradición en la historia de los Salones de Arte que se inició en Francia desde finales del siglo XIX; su transformación en el adverbio de modo “Independientemente” implica una acción que modifica el significado del verbo “independizar” y también del adjetivo “independiente”, en clara alusión a actuar con independencia, es decir, con libertad, que es una reflexión de interés en esta conmemoración (del Bicentenario de la Independencia en Colombia en 2010 y 2011 en Cartagena) y confirma la vigencia del valor de la transgresión en el desarrollo de los procesos del arte contemporáneo#.


Ahora, si entendemos el Caribe como una franja geográfica que bordea el norte de Colombia, entonces se debe mencionar el trabajo del colectivo Maldeojo que ha desarrollado continuas intervenciones en la Región dirigidas al fomento de las prácticas artísticas, entendidas como “un arte que tomaría como horizonte teórico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social, más que la afirmación de un espacio simbólico, autónomo y privado”#. Es decir, que el arte aparece en las relaciones sociales y en el proceso de construcción de canales de interlocución que son mediados por este. Un intento por desarrollar procesos en lo público pensando de manera amplia en los territorios, los espacios, en los caminos que se recorren, en las calles de las ciudades, los mercados o cualquier lugar que se pueda denominar como “intersección”.

Igual podría pensarse de los espacios contenidos: museos, universidades, centros culturales o espacios internos que propician la circulación, la lectura y el pensamiento, o sirven de conectores entre diálogos tangentes. En este sentido, lo público no es el sesgo mediático ni el espacio de control; lo público es interlocución, área de disensos y transferencia de datos. Así como el buen ejercicio de la política trata de llegar a acuerdos mediante el consenso y de reunir por medio de la convocatoria, el arte daría para vivir en la intersección, o el intersticio entre una cosa y otra por necesidad de reparar la realidad. Una idea amplia que permite concebir en la acción y ser en el significado.

Jorge Larrosa en su texto Deseo de realidad, cuyos contenidos expuso recientemente en el Encuentro de Formadores#, escribió:


El sujeto de la experiencia es un sujeto ex-puesto, es decir, receptivo, abierto, sensible y vulnerable. Un sujeto, además, que no construye objetos sino que se deja afectar por acontecimientos. Lo real no es lo que está enfrente, lo que está ante nosotros, sino lo que nos afecta, lo que nos pasa. El deseo de realidad, entonces, sería un deseo de acontecimiento.


En cuanto a la historia del colectivo, las actividades de Maldeojo se desarrollaron parcialmente en los Laboratorios de Mediación y Creación, una derivación propia de los Laboratorios de Investigación y Creación del Programa Salones de Artistas del Ministerio de Cultura, una propuesta pública basada en los principios de fomento y reconocimiento local. Para Maldeojo el artista media entre las expresiones culturales propias de las comunidades y los conceptos cercanos a las prácticas artísticas contemporáneas, para lograr materializaciones singulares y eventos artísticos en contexto. Según esta idea, lo singular difiere de lo normativo que se encamina más a una exposición formal o un evento cultural que celebra el acto de una inauguración. Lo singular, entonces, consistiría en abrir un espacio de proceso y celebrar “acontecimientos”, como el caso de URE _II_relacional# que trabajó de forma simultánea las prácticas artísticas y la crítica social en Montería, mientras que en San José de Uré se desarrollaban acciones del cuerpo insertadas en las prácticas culturales dirigidas por el bailarín Nemesio Berrío#; también se editaba un video-arte como el de Miss Puerto Libre de la artista documental María Posse# (que desborda la experiencia vivencial de un laboratorio y que se sitúa en las coordenadas de una ficción sensible y evocadora). De igual forma, lo “diferente” podría convertirse en una publicación útil como el Almanaque Usungulé 2010#, actividad del laboratorio Maldeojo que dirigí, con la asistencia de Adriana Echeverría, y que reunió prácticas culturales y estéticas de territorio, en un documento elaborado desde la percepción artística y cuyo diseño filtró las acciones que suponemos evocadoras y relevantes. El impreso recorre el espacio de las comunidades afro y circula en el ámbito de lo público.


Arte y territorio 

El 41º Salón Nacional de Artistas, realizado en Cali a finales de 2008 e inicios de 2009, generó una serie de preguntas con respecto al evento nacional que abrió sus puertas al arte internacional y ofreció un modelo un tanto ajustado al cual se acomodaron las regiones. A comienzos de 2008, el colectivo Maldeojo, como partícipe de todo el proceso, debatió aspectos relacionados con el modelo del Salón desde los regionales hasta el nacional. La inquietud era: ¿cómo podría verse un programa de esta naturaleza en la diversidad del Caribe? En ese caso se buscaba vislumbrar cómo un Salón Caribe sería marcado por las condiciones territoriales y culturales. Para ello fueron necesarias las lecturas de contexto y hacernos preguntas que responden al imaginario: ¿Quién recuerda que Jamaica colinda hacia el norte con Colombia? O ¿cuál inmigración llegó al país por Puerto Colombia, a comienzos y mediados de siglo XX, y produjo una amalgama de culturas que llevaron al país a un desarrollo moderno? Y cómo no mencionar una experiencia reciente en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde nace la Organización Indígena Gonawindúa Tayrona, un centro de producción audiovisual desarrollado enteramente por fotógrafos y videastas koguis, wiwas y arhuacos, ¿tal vez una forma de resistencia a la expropiación y a la violencia? Cuando se habla de la Región Caribe se habla de manifestaciones culturales, de mestizaje y de una idiosincrasia generada por las condiciones ambientales, geográficas e históricas que la caracterizan.

Independientemente, designación del 42º Salón Nacional de Artistas, asume el Caribe colombiano como suma de lugares donde cabría señalar las relaciones entre territorio y estética. Es un punto de vista que nos permite revisar los flujos y trayectos que unen el país con el Caribe insular y la geografía continental; un pretexto para entender lo que somos al entrar en contacto con otros lugares y paisajes mediante el enfoque de las artes visuales. La propuesta del más reciente Salón se mueve en relación con el territorio Caribe, pero no asociado directamente a la regionalización de un bloque que integra geográficamente al Caribe y cuya discusión que se está dando en lo político sobre cierta autonomía regional (que incide en el manejo de regalías y recursos), tal como se manifestó en el “voto Caribe”, acto de opinión pública de las recientes elecciones presidenciales. El 42SNA es un proyecto que parte de las relaciones entre estética y territorio en el Caribe y las incidencias resultantes del intercambio con el resto del país.

Entonces, ¿qué sería de un Caribe donde se desarrolla un Salón Nacional? En parte podrían ser las ideas que se alimentan desde el interior del país o la información inscrita en las diversas regiones acerca de cómo somos en otras regiones. Otra manera de abordar un territorio podría ser el imaginario que emiten los medios de comunicación con adjetivos como “turístico”, “vacacional”, “farandulero”, “alegre”, “a ritmo Caribe”, que son culturalmente transgresoras o populares en extremo. Pero “independientemente” de todo, la apuesta en la fase inicial del proyecto, en lo que corresponde a las Extensiones Curatoriales es por el diálogo intercultural y por el arte desde lo funcional más que desde la visibilidad, entendida esta como la exhibición formal del producto artístico.

El ejercicio que proponemos en el desarrollo de procesos pone a prueba lo que sucede cuando se viaja de un lugar a otro, de una región con características culturales a otra que organiza sus costumbres de manera diferente. Los mismos ingredientes de base con recetas diferentes y aderezadas por la tierra y el paisaje de “lugar”. Pero más que responder a características culturales, que pareciese cuestión de afianzar identidades, son las preguntas que nos hacemos desde puntos separados del mapa.

Algunas de las doce curadurías de los 13 Salones Regionales de Artistas fueron itinerantes a escala regional en uno o más sitios. Pero, en relación con el diálogo en el Caribe donde se propone un viaje, un recorrido de un lugar a otro, ¿qué sucede?, ¿qué diferencias, particularidades y giros hay en la idea de lo itinerante y una posterior travesía regional que propone un diálogo intercultural? O ¿sería simplemente un intercambio regional de acentos y costumbres?, ¿una metodología de proceso que se exporta de un territorio a otro?, ¿o el deambular es abierto y en grado consciente, donde orden y desorden conviven de manera paralela al desarrollo de los acontecimientos? Es importante recalcar que la motivación y dinámica del proyecto Independientemente parte del propósito que se deriva del encuentro de las partes y el trayecto creativo que se deriva de este. Un aparte del texto “Zona franca”, que vale mencionar dentro del componente internacional del 42º SNA dice:

Entendemos la necesidad de poner en diálogo a comunidades con sus prácticas y a los artistas internacionales, por la visión ajena y errante que aportarían a la discusión de la cultura como construcción, y que Maryse Condé entiende así: “Hay que ser absolutamente errante, múltiple, afuera y adentro. Nómada… Si se es demasiado familiar con un sitio, si se está demasiado enraizado en un lugar, no se puede escribir con la verdad sobre ese sitio. Se mistifica”. Aquí, el principio de identidad rizomática (el arte) destruye el principio de filiación (la cultura) sobre el cual se apoya la legitimación del poder, pasando a un mundo en relación, en lugar del mundo como imposición y soledad#.


El sustantivo masculino de la definición de diálogo dice: “Parte de una obra literaria o cinematográfica en la que la acción transcurre en forma de conversación entre los personajes”. Una vez en la Región Caribe, son las propuestas de proyectos de proceso de los artistas escogidos por las curadurías y los invitados acompañantes, o incluso los equipos de investigación curatorial los que durante las “Extensiones curatoriales” en Barranquilla, Santa Marta y Cartagena sucesivamente mantienen la conversación y desarrollan el diálogo. En algunos casos fabricando desarrollos in situ, en otros cruzando y marcando el territorio, otros en sentido exploratorio. A los curadores regionales les escribimos en un texto reciente, citando a Glissant#, quien comentaba acerca de las aceptaciones de la diferencia y de los diferentes como tales:


En un universo en el que se conocen casi todas las regiones geográficas y físicas, una nueva región del mundo, que no se tratará de explorar, sino en la que cabemos todos: antiguos descubridores y antiguos descubiertos, antiguos colonizadores y antiguos colonizados, sin que ninguna ventaja de conocimiento, para uno u otro, derive de las herencias de dicho pasado. Acercarse al mundo significa tanto morar en él como desandarlo o ir a la deriva.


El concepto de exploración realizado por este autor se aleja ostensiblemente de la idea de la conquista y las estrategias de poder. La exploración desde la poética es sumarse a lo explorado en un intento por descubrir, en doble vía, que el explorador se transforma tanto como lo explorado.

Posteriormente se verá cómo el trayecto de los procesos se insertaría en las investigaciones curatoriales desarrolladas por los 13 Salones Regionales cuyas propuestas tratan aspectos relevantes concernientes al arte, la economía, el cuerpo, la migración e hibridación, las fronteras, las nuevas tecnologías, las prácticas ancestrales y culturales de lo que hoy es el país. ¿Qué relaciones se pueden construir, no bajo consignas regionales, sino mediante discusiones culturales en este intercambio? Experiencia que queda por ver y que posiblemente se discutirá en 2011 en Encuentro de Lugares, la plataforma discursiva del Salón Nacional en Cartagena de Indias. Un acontecimiento que reunirá los diálogos interculturales, las manifestaciones artísticas, el análisis y la crítica que surja del actual Salón donde las relaciones intrínsecas podrían ser la norma.

Lo horizontal 

Cuando se habla de territorio desde las prácticas artísticas y desde la diversidad de eventos que integran el actual Salón, habría que pensar en relaciones con y desde el territorio. En ese juego de relaciones es deseable que se produzca un despliegue vital de nuevas formas de pensar y de construir el sentido de “territorio”, una mesa horizontal para que los diferentes actores entren en relación y generen creativamente mundos posibles que solo emergen en la fecundidad de los encuentros. George Yúdice, en una entrevista dada a Tristestópicos, dice:


Si uno comienza ideologizado, afirmando que el arte es para esto, o que debe hacer esto o lo otro, entonces el arte terminará ajustándose a tales creencias, siendo justamente lo que uno tenía en mente. Se trata más bien de permitir que se produzca una relación del artista con su medio o con otros artistas en colaboración para que de ahí surja alguna invención. Las obras que buscan poner en operación una ideología por lo general no generan una revelación. Cuando digo “ideológico” no me refiero necesariamente a una finalidad política, sino a una idea que luego se implementa, que se cree que se está llevando a cabo#.


Consideramos que el Caribe se integra así como la plataforma geográfica donde las fichas del dominó yacen expuestas en desorden sobre la mesa, listas a invertirse para resaltar allí el paisaje, tanto natural como el de las relaciones sociales. Bien lo dice Benítez Rojo:


Lo caribeño no es un centro o una raíz; es un rizoma que se desplaza en varias direcciones imprevistamente, una corriente marítima de varios ramales, o bien las trayectorias posibles de un huracán, que puede empezar como una tormenta tropical en las costas de África, organizarse a la altura de St. Thomas, cruzar sobre Puerto Rico y La Española, y tomar rumbo norte bordeando La Florida y amenazando a Nueva York#.


Independientemente se configura en lo conceptual desde el pensamiento archipélico de Édouard Glissant, quien considera al Caribe como lugar de un nuevo tipo de pensamiento que defiende lo transversal en lugar de lo universal. Lo universal es una sublimación de lo particular. Ha caducado esta perspectiva tradicional —“continental”—, según la cual mi manera de ser sería la única válida universalmente. El reconocimiento de la diferencia constituye el elemento principal de la relación en el mundo.

“El fuego fértil será siempre un fuego conjunto”, escribe el autor francés nacido en Martinica. El Caribe es un modelo rizomático, con múltiples raíces que permiten ir al encuentro de los demás, debido a su condición geográfica y a su peculiar forma de pensamiento: errático, criollizado y de fronteras porosas. Esa condición propia es la que facilita el encuentro de los otros y recoge iniciativas de afuera que entran en diálogo con lo local. El litoral es, de suyo, intercultural, su forma de pensarse y de ser así lo confirman, y ese modo de ser-pensar quizás se vincula con la propia geografía. El carácter abierto, extrovertido y espontáneo de sus gentes no es simplemente un modelo aplicable a la cultura regional. Lo que, en realidad, se destaca es el prisma de las relaciones: la lectura del otro en que la visión que multiplica es esencial así como el reflejo de los rayos solares rebotan en varias direcciones tocando conceptos que fundamentan el sentido del actual modelo de Salón Horizontal.


Nota: el texto “Un salón horizontal” se ha escrito en medio de transformaciones, reajustes y revisiones del proyecto Independientemente propiciado entre la nueva Directora de Artes Guiomar Acevedo y su equipo, los curadores de los Salones Regionales y el colectivo Maldeojo. No incluye las modificaciones y cambios recientes relativos al desarrollo del proyecto sucedidos en el Seminario de Geoestéticas del Caribe. El “salón horizontal”, idea que refiere desde su formulación a un desarrollo unificado y una línea recta de horizonte, ahora se ve expuesto tanto a lo orgánico como a las diferencias, de modo que lo horizontal se compone igualmente de resaltos, curvas y nuevos paraderos.

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